terraza casino madrid

20 Ago La Terraza del Casino

‘La Terraza del Casino’ es, desde hace muchos años, un referente gastronómico en Madrid. No podía ser de otra manera cuando al mando de los fogones se encuentra una de las figuras más importantes de nuestra cocina, Paco Roncero, que cuenta con múltiples distinciones por su buen hacer. Hablamos, nada más y nada menos, que de un “dos estrellas Michelín”.

 

 

La experiencia se encuadra más en la vieja escuela, en el concepto “de etiqueta”, lejos de propuestas más terrenales e informales como las de ‘Diverxo’ o ‘Dstage’y ofrece un viaje gustativo elegante y fino aunque algunos baches entorpezcan el camino.

Hay platos realmente excepcionales como la cata de aceite de olivas (un prodigio técnico y un espectáculo en boca), el cultivo de apio y tomate (un trampantojo a base de frambuesa), la falsa almendra (rellena de ajoblanco), la cochinita pibil, los aromas del bosque (una excepcional crema de setas acompañada por un buñuelo), el bogavante con panceta y setas, la pizza carbonara o un  lenguado soberbio y cocinado a la perfección (cuyo emplatado con puré de limón, mantequilla y alcaparras daba la sensación de conformar un cuadro).

 

 

Lástima de otros más irregulares, buenos pero no sobresalientes; como el atún de toro en tartar, el falso risotto de calamar (un bocado que te transportaba al sudeste asiático debido al empleo de la leche de coco), el civet de conejo (con foie y cacao) o el chili crab.

Y cuando hablamos de un restaurante que cuenta con dos estrellas Michelín o 3 soles Repsol, el nivel de exigencia es muy alto y estos platos no estaban a la altura de los citados anteriormente.

Un caso curioso es el de la cigala en ravioli con caldo de galeras, que también se quedaba un poco a medio camino. A mi acompañante, que no podía comer pescado crudo, le marcaron la cigala a la brasa y se la prepararon con setas y queso. Y esta versión alternativa era deliciosa, mucho mejor que la original.

 

 

 

Por último, los postres: magnífico el de los distintos chocolates (con texturas y sabores distintos), muy logrado el sándwich club con merengue, frutos rojos y piña (aunque es un dulzor que a mí no me encanta) y el colofón del ‘sweet market’.

 

 

En resumen, la experiencia en ‘La Terraza del Casino’ es de altos vuelos, aunque se ve empañada por algunas turbulencias que te dejan el cuerpo con la sensación de que te falta algo.

 

Bon Appétit!