Servicio de Pajarita

06 May PAJARITA: cocina fusión en miniatura

En un apartado rincón del barrio de Malasaña, oculto en la arquitectura de la calle Apodaca, se encuentra uno de los secretos mejor guardados de Madrid, Bar Pajarita.

Muy cerca de grandes restaurantes como La Cabra, Tampu o Fismuler. Sitios a los que vas a comer y a ser feliz.

Un santuario a la belleza, gastronómica y decorativa, un lugar de peregrinación obligatoria en el que vivir una experiencia culinaria plena, marcada por la el sabor y la técnica, con unos platos que da pena desmontar y que funcionan de maravilla al llevártelos a la boca.

Pajarita es, desde el momento en el que lo conocí, uno de mis sitios de referencia en la capital.

 

 

La aventura empezó fuerte al ver las quesadillas de champiñón en chipotle con pesto de pipas y pico de gallo, aka Quekas, y el “un dos tres malasaña”, y, cito textualmente la carta, patatas ultracrujientes con huevo 66º y crumble madrileño (ojo que lo que algunos podrían considerar postureo y parafernalia lingüística aquí se transforma en un desmigado de torreznos y kikos, que convierte algo tan efectivo pero simple como es mojar patatas fritas en un huevo, en un momento cercano al nirvana gustativo.

Un plato por el que las antiguas civilizaciones habrían sacrificado sin pestañear a una docena de vírgenes y a un rebaño de cabras.

 

Para no perder comba y ante semejante listón, después llegaron las bombitas de camarón y el baozi de cebón que no desmerecían para nada la propuesta inicial y que remataban una faena que terminaba conmigo jurando amor eterno a la cocina de Pajarita.

Una estética arrolladora de la mano de un sabor que te agarra con fuerza y te besa hasta dejarte sin respiración.

Bon appétit!

1Comment
  • Lo mejor del 2016
    Posted at 19:12h, 29 diciembre Responder

    […] Patatas fritas, huevo poché y migas de kikos y torreznos: felicidad en tres pasos (Pincha aquí para saber cómo es un día en  Pajarita) […]

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